He apreciado muchas flores, todas bellas
Un deleite para mis ojos y mi alma
Pues en ellas encontré la tersa calma
Y el valor superlativo de una estrella.
Maravilloso encanto se produjo en mi mirada
Al verlas tan esbeltas, dichosas y arrogantes
Y esa mística que las mantiene elegantes
Es como el brillo del sol en la alborada.
Sus matices y colores son diversos,
Suave deleite que destaca el escenario,
Magnificencia que lo hace extraordinario
Como la excelencia… al cóndor en su vuelo.
Sus aromas, para el aire dicha plena
Es misterio, placer, himno de gloria…
Y aunque de ellas se han escrito mil historias
He querido dedicar este poema.
